CUANDO DIOS NOS TRANSPLANTA… AY QUE DOLOR!!

CUANDO DIOS NOS TRANSPLANTA… AY QUE DOLOR!!

La última vez hice una reflexión acerca de lo aprendido con los semilleros, obviamente el aprendizaje no fue hasta allí. Otro proceso que llamo inmensamente mi atención fue lo que sucede en el momento de transplantar la plantita del semillero al nuevo cantero.

Existen diferentes formas de hacer semilleros, nosotros (mi esposo y yo) solamente utilizamos dos… una donde se siembran las semillas en potecitos pequeños y la otra donde directamente las sembramos en el cantero preparado. De cualquiera de las dos formas el transplante es algo inminente y sólo implica una cosa… desarraigo y por ende dolor (en un mayor o menor grado pero el dolor será parte del proceso).

Cada vez que iba a transplantar una plantita, primero tenia que remover la tierra donde estaban las raíces para aflojarlas, después sacudir la plantita un poco y colocarla en el nuevo cantero. Me imaginé ese mismo proceso a escala humana, la mano de Dios removiendo nuestras bases, la tierra que nos soporta, sacudiendo nuestras raíces para después colocarnos en un nuevo lugar… sólo de pensarlo duele!! En el proceso tal vez parte de las raíces serán removidas (pero no la principal, la cual es fundamental para la sobrevivencia de la plantita en el nuevo cantero), ya no serán los mismos amigos, ni el mismo ambiente, ni el mismo jefe o líder, ni el mismo lugar, tal vez tienes que irte a otro país (por un llamado misionero, por trabajo o simplemente por superación) y tienes que dejar a tu familia, tus amigos, todo lo conocido… a veces no será ni siquiera la misma pareja (si eres novi@) o el mismo socio (si estas en una empresa), todo cambia y durante este tiempo de transición sólo los que están dispuestos a “hacer de tripas corazón” (dicho coloquial venezolano) serán capaces de salir hacía adelante, sobrevivir, fortalecerse y crecer haciendo de la experiencia algo enriquecedor.

Algunas semanas después observé con curiosidad que aunque muchas de las plantitas transplantadas parecían listas para enfrentar el nuevo proceso, vi con tristeza como algunas fueron perdiendo su brillo, sus hojitas se tornaron de un verde hermoso a un amarillo triste y opaco, su tallito antes erguido y firme ahora yacía encorvado y sin fuerza… poco a poco algunas de ellas se fueron apagando hasta morir. Me preguntaba porque? Que fue lo que pasó? Sería que no se adaptó? Muchos factores pudieron haber intervenido! Una vez más me imaginé que esa plantita era una persona y eso me hizo recordar a algunas personas que conocí a lo largo de mi vida, que anhelaban tanto regresar al semillero que no lograron ver todo el potencial del nuevo lugar donde estaban, nunca se adaptaron y como consecuencia poco a poco su personalidad alegre y fresca se tornó en una personalidad deprimida, amargada y triste. Que pudo haber ocasionado esto? Tal vez el temor a lo desconocido? Ansias por lo por venir? Las condiciones del nuevo ‘cantero’ no eran las esperadas (tal vez menos facilidades o bienestar económico)? Tal vez la influencia de alguna cizaña / maleza (enemigo)?

También puede suceder que la plantita no solamente está aferrada al semillero sino que se siente tan cómoda y a gusto que simplemente no quiere mudarse de lugar o cree que no tiene porque mudarse o está tan concentrada en el presente, en las comodidades, en el bienestar económico que le es difícil darse cuenta de que el semillero es solamente un lugar temporal que Dios está usando para prepararla para algo mejor y que muchas más bendiciones están esperando por ella.

A veces pienso que nuestra necesidad de estar en control de todas las cosas juega un papel muy importante en el proceso de renunciar al semillero y adaptarse al nuevo cantero… y creo que esto afecta mucho más a los hombres (es una opinión muy personal), sobretodo cuando se trata de finanzas y de la responsabilidad de sostener a la familia, pero lo importante de este proceso es recordar que Dios esta en control de todo y que no estamos solos, el tiene cuidado de nosotros!!

No todas las plantitas tristes murieron, algunas cuando ya yo no tenía esperanza de que iban a sobrevivir empezaron a fortalecerse y empezaron a brotar nuevos retoñitos! Que alegría tan inmensa!! Esto también me hizo pensar en que no todos enfrentamos el proceso de la misma manera, a veces algunos somos más lentos que otros… lo importante es que logramos sobrevivir, crecer y dar frutos. Que este proceso sea más sencillo y más rápido depende de nosotros y de nuestra disposición a adaptarnos y a ser transformados durante este tiempo.

Meditando sobre estas enseñanzas Divinas recordé que en la Biblia (el Libro por excelencia) se narra la historia de un hombre llamado Job, el también fue transplantado. Todo su mundo, en todo lo que confiaba, todo lo que amaba se derrumbó, fue destruido o murió. No fue nada fácil, sin embargo después de este proceso su situación posterior fue siete veces (el número perfecto) mejor que el anterior. Como él mismo lo expresa en Job 42:5 “De oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven”, la relación con su Creador nunca volvió a ser la misma, ahora era una relación uno a uno, sin intermediarios. (Aunque quién provocó el proceso fue el enemigo, Dios usó todo para su bien “… a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien… – Romanos 8:28)

Tal vez también puedes identificarte con este proceso? Momentos donde todo parecía derrumbarse a tu alrededor? Donde parecía que no había esperanza? O donde estabas aferrado a un lugar o a una persona? También medité en esto, volví a mirar al pasado y me di cuenta de que hace muchos años, aunque no tantos!, yo misma me encontré en una situación similar a la de Job. Esta fue una de las experiencias más difíciles y dolorosas pero sin embargo la MÁS enriquecedora que he tenido en toda mi vida. Doy infinitas gracias al Buen Sembrador por éste transplante (fue definitivamente el más impactante y dividió mi vida en un ‘antes’ y un ‘después’), sin ella hubiese sido más difícil afrontar los cambios que venían y que me han hecho llegar al lugar donde me encuentro hoy en día.

Durante este tiempo de transición literalmente sentí que Dios removió la tierra a mí alrededor y sosteniéndome en Su mano me sacudió para después transplantarme en un nuevo lugar. Todo comenzó cuando la relación de noviazgo que tenía en ese momento terminó de la forma más abrupta después de aprox. 4 años de duración, ese evento desató una reacción en cadena. En ese momento no entendía que era lo que estaba pasando, mucho menos que esa era una prueba… un examen divino… y que estaba en el proceso de ser transplantada, durante ese tiempo sentí que todo mi ‘mundo’ se derrumbó, no sólo la relación de noviazgo se terminó, sino que tuve que retirar el semestre de la universidad, mi pasión por la arquitectura y el diseño se desvaneció (y que esto le pase a una arquitecto es fatal!), renuncié al trabajo, situaciones nos forzaron a mi hermano menor (Misael) y a mi a mudarnos y por primera vez vivir separados (Vivíamos en Caracas, lejos de nuestros padres)… en fin todas las cosas de las que me sentía ‘segura’ poco a poco se fueron reduciendo hasta no quedar ninguna… por seis meses me hundí en la depresión.

Durante esos meses me dediqué a llorar, a reclamar y a quejarme por la situación que estaba viviendo. ‘Por que Señor?’ solía ser mi oración más común… hasta que el Buen Maestro decidió intervenir y darme una de las mejores lecciones que he recibido en mi vida. Transplante = Cambio = Crisis. Las Crisis son buenas!! Principalmente porque nos hacen volver nuestra mirada al Autor de Nuestros Días, no es verdad? Y mi caso no fue diferente, reconocí que solamente de una cosa podía estar segura… de SU amor! Y que juntamente con la prueba El también me daría la salida, una salida Victoriosa.

De esta experiencia aprendí muchas cosas, aprendí a darme valor y que ese valor como persona sola y únicamente me la daba El pues había sido creada a Su imagen, aprendí que nadie tenía el derecho a humillarme y aprendí a no aceptar humillaciones de nadie, aprendí que expresar las emociones está bien, Dios las creó para eso. Está bien sentirse triste y llorar… pero lo importante es no quedarse a vivir allí, en esa etapa. Aprendí que las pruebas son para superarlas no para quedarse en ellas, de lo contrario viene la depresión y salir de ese estado es mucho más difícil, sin embargo no sólo es posible sino que es una decisión. En el mismo instante en que decidí que ya no iba a estar deprimida sino que iba a dar gracias a Dios por lo que estaba pasando aunque no entendiera el porque… la depresión se fue y sentí una libertad única y especial. La clase de libertad que sólo Dios puede dar. Aprendí que un milagro espiritual ocurre cada vez que doy gracias y le entrego la situación Al que sabe. Aprendí que mi corazón debo cuidarlo porque de el mana la vida. Aprendí a que no se debe ser apegado a nada, Dios da y Dios quita… sea Su Nombre bendito! No ser apegada me permitió enfrentar todos los demás transplantes tranquila y en paz porque estaba segurísima de algo: El está en completo control :).

Al igual que con los semilleros, en la vida de la plantita el transplante por lo general sólo ocurre una vez, sin embargo en nosotros no acontece de esa manera… este proceso se repite una y otra vez, pero desde el punto de vista del Sembrador es siempre para mejor (cabe destacar que muchas veces la Plantita, el ser humano, no ve la situación como la mejor del mundo pero El Sembrador si).

Durante cada etapa que hemos pasado en el “conuco” me he puesto a pensar que tal vez nuestro Buen Padre Celestial hace lo mismo con nosotros… con amor nos siembra, nos transplanta (ay que dolor!!), nos riega, nos poda (ay… más dolor!!!), quita la maleza que hay a nuestro alrededor, nos ayuda a crecer y definitivamente se alegra cada vez que sale una hojita nueva o un fruto nuevo. Que lindo debe ser causar esa sonrisa de orgullo en Su rostro.

Así como las plantitas tienen maleza y cizaña a su alrededor (Así como Job y sus amigos!), también me di cuenta que en ese proceso no estamos solos, además de El, siempre hay personas, algunas tal vez tengan buena intención pero nos alejan del ‘Propósito Divino, de nuestro destino’, sin embargo hay algunas que son como ángeles, con la actitud, el espíritu y las palabras correctas para ayudarnos a superar ese momento difícil y son como la mano de Dios que gentilmente nos guía de regreso a El.

Esto también me hizo pensar y recordar en quien fue la persona que más estuvo a mi lado durante este tiempo, tal vez sin muchas palabras que decir, pero con un corazón lleno de amor incondicional para abrazarme y consolarme durante ese tiempo difícil… Mi familia definitivamente fue un gran apoyo, pero debido a la distancia sin lugar a dudas fue mi hermanito Misael. (Misa, gracias por haber estado a mi lado durante ese tiempo, te amo!). Cualquiera que haya sido la magnitud de tu transplante estoy segura que también recordarás a personas claves que estuvieron a tu lado animándote a seguir, por todos ellos… Gracias Padre!

Las transiciones no sólo implican dolor, también implica alegría, alegría por haber pasado a la siguiente etapa, por haber conquistado metas, por haber logrado sueños y por haber madurado lo suficiente para enfrentar y aprender de las nuevas experiencias.

En mi caso, después de vivir la experiencia antes narrada, por lo general se cuando ya estoy lista para pasar a la siguiente etapa, siento unas cosquillas en el corazón, mariposas en el estomago y la cabeza se me llena de sueños! Los nuevos retos siempre me ponen nerviosa pero a la misma vez me llenan de una fuerza y un fuego por conquistarlos, donde no me detengo hasta haberlos alcanzado. La Biblia esta llena de palabras de ánimo para ayudar a enfocarnos y conquistar esa meta… nadie dijo que sería fácil pero tenemos Su promesa de que El estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28:20).

Alexandra Karina Rodriguez~Castro :)

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2 Responses to CUANDO DIOS NOS TRANSPLANTA… AY QUE DOLOR!!

  1. puedocambiar says:

    Que hermosa reflexión Karina,
    Me hiciste recordar cuando pase por un transplante en mi vida.
    Efectivamente en ese momento de crisis, cuando el agua te llega a la nariz, no encuentras el motivo, razon de lo que te esta sucediendo pero despues de algun tiempo volteas hacia atras y observas como esa flor triste, se convierte en una hermosa flor llena de colores nuevamente y hasta con retoños!
    Vale la pena estar en las manos de Dios porque El nos transplanta con su infinito amor !
    Bendiciones

  2. Alexandra Karina says:

    asi es!! En SUS manos siempre estamos segur@s :)

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